3 de mayo de 2010

Rosa Salvaje



Cuando el viento pasara, el molinillo se haría de fuerza para acercarse y daría vueltas alrededor de sus ojos, como una luz fugaz alumbrando desde otro sitio. Sus ojos se harían de magia y lo seguirían casi como una respiración cercana, un palpitar. ("La niña de corazón de j/fuego") Milena Vidal






Yo puedo escuchar esta canción de tus labios
esta canción hecha con una sola melodía de adioses
diminutos adioses rosas arremolinadas retrocediendo no más allá del
inicio
es audible también una esperanzadora da tiempo en una luminosidad
saturada siento mi cara me quema el borde del sonido

una magia más, dirán los coleccionistas de silencio
una más, dicen los inquilinos de poemas desconocidos
por sí, para sí mismos, un palpitar menos, y las sombras alargándose diáfanas
en mi palabra perdida las palabras no tienen luz propia


no son estrellas son espejos, pequeños espejos sin forma y relucen cerca de tu
corazón
pero inspiro, detengo mi traslúcida escritura sin traicionar lo que escucho

otra vez

un pequeño racimo de apretadas notas
las vas desbordando en una pobre (por lo escasa) sucesión en el tiempo
el tiempo no es breve, no es avaro
entre tus manos blancas y tus ojos negros existe la eternidad
hecha de fragancias que no puedo seguir

sin que me sangren las pupilas, sin que reseques mi sentido apenas puedo verte
y sin embargo la melancólica niña sigue allí cerca de mi cara, puedo presentirla
cree decirme algo

otra vez

había un tipo que escuchaba una melodía una noche de invierno sin nieve
una noche de luna invisible
y nadie preguntaba si la luna volvería
alguna otra noche
nadie preguntaba si el invierno dejaría de encimarse
olvidando su propio sentido, alguna otra noche

un murmullo litúrgico

un sol difuso de silbidos de nieve sin ojos de noche que no podría reconocer
aunque el universo se detuviese frente a la puerta de mi casa


como una bandada de pintores errantes en un cielo sin luz

así veía yo a los pájaros que sobrevolaban tu tímido pero voluptuoso canto

otra vez

mediodía

llueve

algo sucede con el verde de los colores en las plantas después de la lluvia
llueve
he sabido de la lluvia y de los pétalos
uno por uno los arranqué
es cierto

llueve

de noche me voy a reprochar que todo es azaroso
y que todo será un aprendizaje musical de tus movimientos tenues

llueve

rozo tu piel y recuerdo lágrimas inútiles y las otras
que se confunden con el agua que cae del cielo
las manos de niño de mi padre
ojos azules ojos excesivos
aguamarina
las escalas ahora provienen de tu piano que ríe
desde antiguo impregnado de salitre
y tu deshilachada melena

otra vez

no son espejos son aguamarinas perdidas en un maravilloso desierto de sal

y la nieve que cae en la esfera de tu pueblito nevado desoja los pétalos
es nieve
es mentira
es sal
es aguamarina
inasible

la sucesión de espasmos entre cada cristal de tu canto
salen de tu piano
ya no ríen
flotan
y no pueden volver ya mas atrás del comienzo de mi canción
yo tampoco
en el sitio de los ojos

no son espejos son ojos perdidos en el maravilloso pueblito nevado de tu música

otra vez

una vez nunca vi sino deshilvanando tu paso en un tibia mañana que no recuerdo
una melodia de luciérnagas sucesivas que regresan de la fiesta
borrachas
y no encuentran la puerta del mundo para salirse
tienen que disolver este montón de imágenes falsas en la esfera de cristal
desojar el vientre del día
arrinconando la lerda violencia de la muerte
una vez más
una vez menos
por eso parece que tu melodía recuerda
porque va para atrás y me deja

una placa recordatoria de todas las cosas que toqué
verdes hojas vivas
intrépido piloto de subibajas
rodeando mi danza alrededor de la tierra inconciente
la rosa salvaje no tiene porqué
amnesia de almíbar copos de azúcar invisibles que nunca quisieron
al tobogán de la nena que buscaba chupetines
cerca de los bebederos que acaban asesinándonos la infancia

otra vez

siempre voy a ser aquél viejo molinillo oxidado
de las cerezas de los besos que fueron que dijeron adiós
cerca de tus brazos blancos con un fondo de lluvia que nadie esperaba
un gesto detenido en el momento que nadie pregunta
dias olvidados cubiertos de alambre
que persisten
y se confunden con la nieve
y con la espuma de los días


otra vez.


A.V.