25 de abril de 2009

Bosques de Pekín



Luminoso como las ramas más altas amenazadas en la noche por las tormentas.

Desviste nuestras caras la llegada del invierno y escuchamos el eco de una profunda casa en silencio. Relieves de racimos ya guardados. Largas hojas tejen una alfombra que no puede comprarse. Verde es el recuerdo y tiene el brillo acrisolado de las flores frescas. Y todo resplandece y parecería bastante ligero como la carretilla de Yi. Extraña resulta su belleza. Es el triunfo del sabor. La victoria de su sonrisa ante la embriaguez del perfume de la mañana.

Durante la primavera pasada cargaba azahares y amapolas, diluyendo el sonido de sus pasos en el fugitivo relámpago de la vida.



Foto: Yi, por Luthien