3 de junio de 2009

Entre libros y zapatos





Todavía no llegó el invierno. En la mañana helada el frío cruje de mármol y tensa las mandíbulas. Hay vacío en el estómago del trabajo de cada día y en los dientes de la mujer a la que le tiemblan las rodillas.


¿Hay algo mejor que un pedazo de pan caliente?


Suave como el aire tibio de una noche de verano. La luna se enamora de cualquier calle. Hay flores tiradas sobre la vereda. Es mi voz la que llama a la nena que pasó una noche flotando encima de mis sueños de colegial grande y negra. Ella guiaba mis ojos durante el viaje monótono hacia mi ahora. Del no saber nada del amor al miedo. De la alborada con sus dedos rojos decididos intrépidos. Mi corazón es como el agua es un fusil de acero tornasolado sobre la dura superficie del sueño.


Por mucho que camine, mi corazón siempre estará junto a esa nena.