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martes, 8 de noviembre de 2022

Enanos nocturnos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde chico tuve inclinación a crear a mi alrededor un mundo ficticio, rodearme de enanos de cemento a quienes les atribuía una personalidad y una biografía. 

Pero lo cierto es que ahí están, desmintiendo toda duda.

Los sueños son como los enanos de jardín. 

Cuando dormimos ellos no se detienen. 

La noche los cobija, los proteje, los hechiza con su rocío de plata, cómplice y amiga. 

Ambos comparten una naturaleza indefinible pero concreta. 

Están ahí, héroes cansados pero sonrientes, navegando en el tiempo hasta nuestros sentidos ebrios de locura. 

Tenemos en común con la noche y los enanos el silencio, los recuerdos, la propia historia.

Nuestros recuerdos son como enanos de cemento. 

Sin explicación. 

Fabricados con moldes de realidad. ¿Acaso somos más reales que ellos? 

En estas cosas, como en casi todas, no deberíamos ser tan dogmáticos.

 



"Laberinto" - El Umbral

sábado, 13 de marzo de 2010

Biografía del autor

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"En la celda, en lo sólido, también se acurrucan los rincones."
(César Vallejo - Trilce LVIII)

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Hizo una tarde deliciosa tan ayer
entre litúrgicos lápices y botones por pelota
cerca de la cama encima del suelo después de la escuela

aguantaba nuestro equipo once titanes y nosotros deshilachábamos
la infancia a ratos contra un adversario implacable

y ya lejos saber

que en todo aquello visagraba la aventura
trizas hecha la felicidad en millones de diminutas felicidades

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qué delicia la de ayer a la tarde
tan desproporcionadamente desigual que ya no cabe

en mi verdadero bolsillo y roto
en nombre del extraño que fui para mí
hoy mis héroes de cartón siguen jugándose la vida sobre brasas

como atardeceres

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y al pesar todas estas cosas
hoy cruzo y no encuentro la frontera sabiendo que
mis héroes se cubrieron con la gloria de ganarlo todo

de uno en uno las once veces en una pelea que todavía no cesa
y de perderlo todo

ahora que sólo me queda y solo

tu relato.

....

sábado, 6 de febrero de 2010

El cazador oculto






Con motivo de la muerte de Jerome David Salinger hemos escuchado y leído -porque se han dicho y se han escrito- tantas estupideces, que no han hecho sino justificar el silencio, como intento de alejamiento, que el autor de "El Guardián entre el centeno" (1951), inició a partir del año 1965 hasta su muerte en enero de este año a la edad de 91 abriles.
Después de la publicación del "Guardián" al que por estas latitudes conocimos como "El cazador oculto", Salinger publicó "Nueve cuentos" o "Nueve historias"(1953), "Franny and Zooey" (1961), "Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour, una introducción" (1963) y "Hapworth 16, 1924" un cuento corto que llenó las páginas de The New Yorker, en 1965.
Ya a partir de entonces, los eternos propagandistas del nacionalsocialismo, los superhéroes de verano, los mercachifles disfrazados de periodistas y de tristes chicles usados, y los caballos livianos de calesita desprovistos de corazón y cerebro, no soportaron el gesto y más que el gesto la decisión de un amante de la escritura y mal que les pese, un maestro.
Lo acusaron de puritano, de budista, de fanático cristiano, de bebedor de orina, de drogadicto y violeta, de proxeneta y temeroso del ridículo.
Podríamos engrosar la lista con toda clase de fantasmas fronterizos y transhumanos, pero a modo de homenaje, compartiremos con nuestros lectores una de sus historias (no la mejor, sin duda), pero genial desde su nombre:


LINDA BOQUITA Y VERDES MIS OJOS
Cuando sonó el teléfono el hombre de pelo entrecano le preguntó a la chica, con cierta deferencia, si por alguna razón prefería que no atendiera. La chica lo oyó como desde lejos, y dio vuelta la cara hacia él, con un ojo -el que estaba del lado de la luz- totalmente cerrado, y el ojo abierto, aunque capcioso, muy grande, y tan azul que parecía casi violeta. El hombre canoso le pidió que se diera prisa, y ella se incorporó sobre el brazo derecho apenas con la presteza necesaria como para que el movimiento no pareciera negligente. Se apartó el polo de la frente con la mano izquierda y dijo: -Por Dios. Quiero decir, ¿a ti qué te parece? -El hombre canoso dijo que a su juicio no había mucha diferencia entre una cosa y la otra, y pasó la mano izquierda por debajo del brazo en que se apoyaba la chica, deslizando los dedos paulatinamente hacia arriba, por entre las tibias superficies de su pecho y su antebrazo. Extendió la mano derecha hacia el teléfono. Para alcanzarlo sin tantear, tuvo que erguirse un poco más, lo que hizo que su cabeza rozara la pantalla del velador. En ese instante, la luz fue especialmente, netamente halagüeña para su pelo gris, casi totalmente blanco. Aunque desordenado en ese momento, era evidente que se lo había hecho cortar hacía poco, o, más bien, recortar. La nuca y las patillas tenían el corte convencional pero en los costados y arriba el pelo era más bien largo, y resultaba, en realidad, hasta casi "distinguido". ¿Hola? -dijo, con voz sonora. La chica permaneció semi-incorporada sobre el antebrazo y lo observó. Sus ojos, simplemente abiertos, más que alerta o pensativos, reflejaban sobre todo su propio tamaño y su color. Una voz de hombre -remota, de una ligereza brusca, dadas las circunstancias- llegó desde el otro lado: -¿Lee? ¿Te desperté? El hombre canoso echó una rápida mirada hacia su izquierda, a la chica. -¿Quién habla? -preguntó-. ¿Arthur? -Sí... ¿te desperté? -No, no. Estoy acostado, leyendo. ¿Pasa algo? -¿Estás seguro de que no te desperté? ¿Lo juras? -No, no, en absoluto -dijo el hombre canoso-. La verdad es que apenas si duermo un promedio de cuatro horas miserables... -Te llamo, Lee, porque... ¿No te fijaste a qué hora salió Joanie? ¿No sabes si se fue con los Ellenbogen, por casualidad? El hombre canoso miró otra vez a la izquierda, pero ahora más alto, más allá de la chica, que lo observaba como podría hacerlo un joven policía irlandés de ojos azules. -No, Arthur, no vi nada -dijo, con los ojos fijos en la penumbra del otro lado de la habitación donde se juntaban la pared y el cielo raso-. ¿No se fue contigo? -No, diablos, no. Entonces ¿no la viste salir? -Bueno, no, en realidad, no la vi, Arthur -dijo el hombre de pelo entrecano-. La verdad es que no vi un comino en toda la noche. Apenas entré me envolvieron en una discusión con ese rufián francés, o vienés, o de dónde demonios sea. Estos infelices de extranjeros siempre están tratando de conseguir un consejo jurídico gratuito. ¿Por qué? ¿Qué pasa? ¿Se perdió Joanie? -¡Dios mío! ¡Vaya a saber! Yo no sé. Tú la conoces, cuando empieza a tomar y a querer divertirse. Yo no sé. A lo mejor casualmente... -¿Llamaste a los Ellenbogen? -preguntó el hombre canoso. -Sí. Todavía no llegaron. No sé. Diablos, ¡ni siquiera estoy seguro de que se haya ido con ellos! Pero te digo una cosa, una sola cosa. Basta de romperme la cabeza. En serio. Esta vez lo digo en serio. Estoy harto. Cinco años. ¡Dios mío!

-Bueno, Arthur, ahora trata de tomarlo con un poco de calma -dijo el hombre canoso-. Para empezar, ya sabes cómo son los Ellenbogen. Seguramente se metieron todos en un taxi y se fueron al Village por un par de horas. Es probable que los tres caigan... -Estoy seguro de que se le empezó a arrimar a algún desgraciado en la cocina. Ya me lo imagino. En cuanto se emborracha empieza a restregarse contra cualquier infeliz en la cocina. Pero basta. Juro por Dios que esta vez va en serio. Cinco años del... -¿Dónde estás ahora, Arthur? -preguntó el hombre canoso-. ¿En tu casa? -Sí. En casa. Hogar, dulce hogar. C... -Bueno, trata de tomarlo con calma ... ¿Qué te pasa? ¿Estás un poco borracho o qué? -Qué sé yo. ¿Cómo diablos voy a saberlo? -Bueno, está bien. Ahora escúchame. Tranquilízate, Quédate tranquilo -dijo el hombre canoso-. Tú sabes cómo son los Ellenbogen, por Dios. Lo que sucedió, posiblemente, es que perdieron el último tren. Seguro que en cualquier momento van a caer por ahí los tres, muertos de risa, después de haber estado en algún... -Se fueron en automóvil. -¿Cómo lo sabes? -Por la chica que va a cuidar a los niños. Tuvimos una conversación muy brillante. Toda una comunión espiritual. Como dos asquerosas sardinas en una misma lata. -Bueno. Bueno. ¿Y eso qué tiene? ¿Te calmarás, ahora? -dijo el hombre canoso-. Casi seguro que en cualquier momento llegan los tres juntos. Créeme. Tú sabes como es Leona. No sé qué demonios le pasa... en cuanto llegan a Nueva York se llenan de esa horrible alegría digna de Connecticut. Tú los conoces bien. -Sí, ya sé. Ya sé. Aunque no sé nada. -Claro que sabes. Piénsalo un poco. Seguro que los dos se llevaron a Joanie por la fuerza... -Oye. Nunca hubo que llevar a Joanie por la fuerza a ningún lado. No me vengas ahora con esa teoría. -Nadie te viene con ninguna teoría, Arthur -dijo el hombre entrecano con calma. -¡Ya sé! ¡Ya sé! Discúlpame. Diablos, me estoy volviendo loco. Dime la verdad, ¿estás seguro de que no te desperté? -Si fuera así, te lo diría, Arthur -dijo el hombre canoso. Distraídamente, sacó la mano izquierda de entre el pecho y el brazo de la chica-. Escucha, Arthur. ¿Quieres un consejo? -dijo. Tomó el cable del teléfono entre los dedos, muy cerca del micrófono-: Te lo digo en serio. ¿Quieres un consejo? -Sí. No sé. Cristo. No te dejo dormir. Lo mejor sería que fuera y me cortara de una vez por todas la... -Escúchame un momento -dijo el hombre de pelo entrecano-. Primero, y esto te lo digo en serio, métete en la cama y tranquilízate. Prepárate un vaso bien grande de alguna bebida fuerte, y acués... -¡Bebida! ¿Hablas en serio? Dios. En estas dos malditas horas me he bebido casi un litro... ¡Un vaso! Estoy tan tomado ahora que apenas... -Bueno. Bueno. Acuéstate, entonces --,dijo el hombre canoso-. Y tranquilízate... ¿me oyes? Dime la verdad. ¿Vas a ganar algo enloqueciéndote de esa forma y dando vueltas por ahí? -Sí, ya sé. Ni siquiera tendría que preocuparme, pero, cuernos, ¡no se puede confiar en ella! Te lo juro por Dios. juro por Dios que no se puede. Se puede confiar en ella tanto como se puede confiar en un... bueno, no sé en qué. ¡Oh! ¿Para qué sirve todo? ¡Estoy volviéndome loco! -Bueno. Olvídate, ahora. Olvídate. ¿Quieres hacerme el favor y borrar todo esto de tu cabeza? dijo el hombre canoso-. Después de todo, seguro que estás exagerando... creo que estás haciendo una montaña de...





¿Sabes a qué he llegado? Me da vergüenza contártelo, pero ¿sabes qué estoy a punto de hacer todas las noches, cuando llego a casa? ¿Quieres saberlo? -Escúchame, Arthur, no es esto lo que... -Espera un segundo, te lo diré... !Coño! Prácticamente tengo que contenerme para no abrir todas las puertas de los placards del departamento... te lo juro por Dios. Todas las noches cuando llego a casa estoy casi seguro de encontrarme con un montón de hijos de puta, escondidos por todos lados... Ascensoristas. Repartidores. Policías. -Bueno, bueno. Tratemos de tomar las cosas con un poco más de calma, Arthur -dijo el hombre de pelo entrecano. Miró de pronto a su derecha donde un cigarrillo, prendido un momento antes, hacía equilibrio en el borde de un cenicero. Por lo visto se había apagado, y no hizo ademán de tomarlo-. Para empezar -dijo en el teléfono-, te lo he dicho ya infinidad de veces, Arthur, ese es justamente el error más grande que puedes cometer. ¿Sabes cuál es? ¿Quieres que te lo diga? Haces todo lo posible, te lo digo en serio, ahora te esfuerzas por torturarte. En realidad, eres tú quien incita a Joanie -calló-. Tienes la suerte de que ella sea una chica maravillosa. En serio. Y para ti carece en absoluto de buen gusto... y de inteligencia. Diablos, y entonces, si vamos al caso... -¡Inteligencia! ¿Estás bromeando? ¡No tiene ni pizca de cerebro! ¡Es un animal! El hombre entrecano respiró hondo, y sus fosas nasales se dilataron: -Animales somos todos dijo-. En el fondo, todos somos animales. -Cuernos. Yo no soy ningún animal. Seré un imbécil, un engañado hijo de mala madre del siglo veinte, pero animal no soy. No me vengas con esas, un animal no soy. -Escúchame, Arthur. Esto no nos conduce a... -¡Inteligencia! ¡Dios Santo! Si supieras lo cómica que resulta. Ella se considera toda una intelectual. Eso es lo que da más risa. Lee la página de los teatros, y mira televisión hasta quedarse prácticamente ciega. Y por eso se cree intelectual. ¿Sabes con quién me he casado? ¿Quieres saber con quién me he casado? Estoy casado con la más grande actriz en cierne todavía sin descubrir, la más grande novelista, psicoanalista y genio no apreciado de Nueva York. No lo sabías ¿verdad? Cristo, es para morirse de risa. Madame Bovary en la Columbia Extension School. Madame... -¿Quién? -preguntó el hombre canoso, con un tono de fastidio. -Madame Bovary sigue un curso de Apreciación de la Televisión. Dios santo, si supieras cómo... -Está bien, está bien. Te das cuenta que así no vamos a ninguna parte -dijo el hombre canoso. Se volvió y acercando dos dedos a la boca le indicó a la chica que quería un cigarrillo-. En primer lugar -dijo en el teléfono-, siendo un tipo tan inteligente careces en absoluto de tacto. -Se enderezó para que la chica pudiera alcanzar los cigarrillos por detrás de él.- Te lo digo en serio. Se ve en tu vida particular, se ve en tu... -Inteligencia, ¡Dios santo! ¡Qué risa que me da! ¡Dios santo! ¿Alguna vez la escuchaste describir a alguien... a un hombre, quiero decir? Alguna vez, cuando no tengas nada que hacer, hazme el favor y pídele que te describa a un hombre. Para ella, todo hombre que ve es "terriblemente atractivo". Puede ser el más viejo, el más gordo, el más grasiento ... -Está bien, Arthur -dijo el hombre de pelo entrecano con rudeza-. Así no vamos a ninguna parte. A ninguna parte. -Le quitó un cigarrillo encendido a la chica que había prendido dos.- Entre paréntesis -dijo, exhalando humo por la nariz-, ¿cómo te fue hoy? -¿Qué? -¿Cómo te fue hoy? -repitió el hombre canoso-. ¿Cómo siguió el pleito? -¡Diablos! No sé. Un asco. Dos minutos antes de que yo empezara mi alegato final, el letrado de la parte actora, Lissberg, se aparece con esa camarera chiflada y un montón de sábanas como prueba... todas manchadas de chinches. ¡Al diablo!

-¿Entonces, qué pasó? ¿Perdiste? -preguntó el hombre de pelo entrecano, aspirando otra bocanada de humo. -¿Sabes quién estaba en el estrado? Madre Vittorio. Nunca sabré qué coño tiene ese hombre contra mí. No puedo ni abrir la boca sin que me salte encima. Con un tipo así no se puede razonar. Es imposible. El hombre canoso volvió la cabeza para ver qué hacía la chica. Había tomado el cenicero y lo colocaba entre los dos. -¿Entonces, perdiste o qué? -dijo en el teléfono. -¿Cómo? -Te pregunto si perdiste. -Sí. Iba a decírtelo. En la fiesta no tuve oportunidad, con todo ese barullo. ¿Crees que Junior va a hacer un escándalo? Me importa un cuerno, pero ¿qué piensas? ¿Crees que hará escándalo? Con la mano izquierda, el hombre canoso quitó la ceniza del cigarrillo en el borde del cenicero. -No creo que necesariamente arme un escándalo, Arthur -dijo con calma-. Aunque no hay muchas probabilidades de que le provoque una gran alegría. ¿Sabes cuánto hace que nos encargamos de esos tres hoteles de porquería? El propio viejo Shanley empezó todo... -Ya sé. Ya sé. Junior me lo dijo por lo menos cincuenta veces. Es una de las mejores historias que he escuchado en toda mi vida. Bueno, está bien, perdí ese asqueroso pleito. En primer lugar, no fue culpa mía. Primero, el chiflado de Vittorio me persiguió durante todo el juicio. Después esa camarera mongólica viene y empieza a exhibir sábanas llenas de manchitas de chinches... -Nadie dice que sea culpa tuya, Arthur -dijo el hombre canoso-. Tú me preguntaste si yo pensaba que Junior iba a armar un escándalo. Solo traté de contestarte lo más honestamente posible... -Ya sé... Ya lo sé. ¡Qué coño! De todos modos, tal vez me reincorpore al ejército. ¿Te conté algo de eso? El hombre de pelo entrecano volvió la cabeza hacia la chica como para que ella apreciara qué tolerante y aun qué estoica era su expresión. Pero la chica no lo advirtió. Acababa de volcar el cenicero con la rodilla y estaba recogiendo rápidamente las cenizas y haciendo un pequeño montón. Levantó sus ojos hacia él un segundo más tarde. -No, Arthur, no me contaste -dijo en el teléfono. -Sí, tal vez lo haga. Todavía no estoy seguro. Por supuesto que la idea no me enloquece y si puedo evitarlo no me iré. Pero tal vez no tenga más remedio, No sé. Por lo menos me olvidaré de todo. Si me devuelven mi lindo casco y mi gran escritorio y mi mosquitero, tal vez... -Quisiera meterte algunas cosas en la cabeza, muchacho, eso es lo que me gustaría -dijo el hombre canoso-. Se supone que eres un tipo inteligente y hablas como un niño de pecho. Te lo digo con toda sinceridad. Dejas que un montón de cosas pequeñas se vayan acumulando como una bola de nieve hasta que ocupan tanto lugar en tu mente que eres completamente incapaz de cualquier... -Tendría que haberla dejado. ¿Te das cuenta? Tendría que haber terminado el verano pasado, cuando realmente estaba decidido a hacerlo. ¿No piensas eso? ¿Sabes por qué no lo hice? ¿Realmente quieres saber por qué? -Arthur, por Dios. Así no vamos a ninguna parte. -Espera un segundo. ¡Déjame decirte por qué! ¿Quieres saber por qué no lo hice? Puedo decirte exactamente el motivo. Porque le tuve lástima. Esa es la pura verdad. Porque le tuve lástima. -Bueno, no sé. Quiero decir que es algo que no me incumbe -dijo el hombre de pelo entrecano-. Sin embargo, creo que te olvidas de que Joanie es una mujer adulta. No sé, pero me parece...
-¿Mujer adulta? ¿Estás loco? ¡Es una niña que ha crecido, nada más! Por ejemplo, me estoy afeitando, escucha bien esto, me estoy afeitando, y de repente me llama desde la otra punta del departamento. Voy a ver qué pasa... así no más, en mitad de la afeitada, con toda la cara cubierta de jabón. ¿Y sabes qué diablos quiere? Preguntarme si yo creo que ella es inteligente. Te lo juro por Dios. Es patética. Yo la miro cuando duerme, y sé muy bien lo que te digo. Créeme. -Bueno, es algo que conoces mejor que... quiero decir, que a mí no me incumbe -dijo el hombre canoso-. El asunto es que no haces nada constructivo para... -No somos una buena pareja, eso es todo. No es más que eso. Hacemos una pareja asquerosa. ¿Sabes lo que le hace falta? Necesita un gran rufián taciturno que de cuando en cuando la deje tendida de un golpe, y después vuelva y siga leyendo el diario. Eso es lo que le hace falta. Soy un tipo demasiado débil para ella. Ya lo sabía cuando nos casamos, te lo juro por Dios. Quiero decir, tú eres un buen sujeto, nunca te casaste, pero a veces cuando uno se casa, uno tiene como un presentimiento de lo que va a ser su vida después. Yo no le hice caso. No hice ningún caso de esos presentimientos. Soy débil. Esa es la la historia, en definitiva. -No eres débil. Solo que no procedes con inteligencia -dijo el hombre de pelo entrecano, aceptando un cigarrillo recién encendido que le extendía la chica. -¡Sí que soy débil! ¡Claro que lo soy! ¡Diablos! ¡Yo sé muy bien si soy débil o no! Si no fuera débil, te imaginas que habría dejado que todo se... ¡Oh, para qué hablar! Claro que soy débil ... Por Dios, te estoy impidiendo dormir... ¿Por qué no cuelgas y listo? Al de monio conmigo. Te lo digo sinceramente. Cuelga. -No voy a cortar, Arthur. Quisiera ayudarte, en todo lo humanamente posible -dijo el hombre canoso-. En verdad, tú eres tu peor... -Ella no me respeta. Ni siquiera me quiere. Dios mío. En el fondo, si lo analizamos, yo también la he dejado de querer. No sé. La quiero y no la quiero. Según. A veces sí, a veces no. ¡Cristo! Cada vez que me dispongo a terminar de una vez por todas, cenamos afuera, vaya a saber por qué, y nos encontramos en algún lugar y ella se viene con esos asquerosos guantes blancos o algo por el estilo, qué sé yo. O empiezo a acordarme de la primera vez que fuimos en auto a New Haven a ver el partido de Princeton. Pinchamos un neumático justo al salir de la autopista, y hacía un frío de morirse, y ella sostenía la linterna mientras yo cambiaba esa maldita goma... tú sabes lo que quiero decir. No sé. 0 empiezo a pensar en..., Dios, me cuesta decirlo..., empiezo a pensar en ese puerco poema que le escribí cuando empezamos a salir juntos. "Rosa es mi color y blanco, linda boquita y verdes mis ojos." Diablos, qué broma... Hacía que me acordara de ella . No tiene ojos verdes... tiene ojos como apestosos caracoles marinos... pero, Cristo, igual hacía que me acordara de ella. No sé... ¿De qué sirve hablar? Me estoy volviendo loco. Cuelga, ¿quieres? Te lo digo en serio. El hombre canoso carraspeó y dijo: -No tengo ninguna intención de colgar, Arthur. Solo hay una... -Una vez me compró un traje. Con su propio dinero. ¿Te lo había contado? -No. Yo... -Se fue nomás a Tripler, creo, y me lo compró. Yo ni siquiera la acompañé. Quiero decirte que tiene algunos gestos endiabladamente hermosos. Y lo más gracioso es que no me andaba tan mal. Solo tuve que hacerlo ajustar un poco en los fundillos de los pantalones y en el largo. Quiero decir que tiene algunos malditos gestos muy lindos. El hombre del pelo entrecano escuchó unos instantes más. Luego se volvió de pronto hacia la chica. La mirada que le echó, aunque breve, la puso al tanto sobre todo lo que ocurría del otro lado de la línea. -Bueno, Arthur, escúchame -dijo en el teléfono-. Así no vamos a ninguna parte. Te lo digo sinceramente. Escúchame. ¿Quieres desvestirte y acostarte, como un buen chico? ¿Y descansar un poco? Joanie seguramente va a llegar a casa dentro de dos minutos. No querrás que te vea así, ¿verdad? Es probable que caiga por ahí con los condenados Ellenbogen. No querrás que todos te vean asi, ¿no es cierto? -escuchó-, ¿Arthur? ¿Me oyes? -Dios, te estoy echando a perder toda la noche. Todo lo que hago es... -No me estás echando a perder nada -dijo el hombre de pelo entrecano-. Ni lo pienses. Ya te dije que de noche no duermo más de cuatro horas en total. Lo que sí me gustaría, sería ayudarte todo lo posible, chico -escuchó-. ¿Arthur? ¿Estás ahí? -Sí, estoy aquí. Escúchame. Ya que no te dejo, ¿te incomodaría que fuera hasta tu casa para tomar un trago? ¿Te molestaría? El hombre canoso se enderezó, colocó su mano libre de plano sobre la cabeza, y dijo: -¿Ahora, quieres decir? -Sí. Claro, si te parece bien. Me quedaría solo un m inutito. Lo único que quiero es sentarme en algún lado y... qué sé yo. ¿Estás de acuerdo? -Mira, lo que pasa es que no creo que debas hacerlo, Arthur -dijo el hombre canoso retirando la mano de la cabeza-. Por supuesto que puedes venir cuando quieras, pero sinceramente creo que ahora deberías descansar y tranquilizarte hasta que llegue Joanie. Te lo digo sinceramente. Lo que tú quieres es estar justo ahí cuando, ella llegue a casa. ¿Estoy en lo cierto, o no? -Si. No sé. Te lo juro por Dios, no sé. -Bu eno, pero yo sí. Sinceramente, yo sí -dijo el hombre canoso-. Escúchame. ¿Por qué no te vas a la cama ahora, y descansas, y más tarde, si tienes ganas, me llamas de nuevo? Claro, si es que tienes ganas de hablar. Y no te preocupes. Eso es lo principal. ¿Me oyes? ¿Harás lo que te digo? -Bueno. El hombre canoso mantuvo el receptor junto a su oído durante un momento y luego cortó. -¿Qué dijo? -le preguntó en seguida la chica. Él tomó su cigarrillo del cenicero, es decir, lo seleccionó entre un montón de colillas y de cigarrillos a medio fumar. Aspiró una bocanada de humo y dijo: -Quería venir a tomar una copa. -¡Dios! ¿Y qué le dijiste? -preguntó la chica. -Ya me oíste -dijo el hombre canoso, y la miró-. ¿Podías escucharme o no? -Apagó el cigarrillo. -Estuviste maravilloso. Realmente maravilloso -dijo la chica, observándolo-. ¡Dios mío! Me siento molida. -Bueno... -dijo el hombre canoso-. Es una situación difícil. No sé si estuve tan maravilloso. -Sí, lo has estado. Has estado maravilloso -dijo la chica-. Me siento floja, totalmente floja. ¡Mírame! El hombre de pelo entrecano la miré. -Bueno, verdaderamente, la situación es imposible -dijo-. Quiero decir que todo es tan fantástico que ni siquiera... -Querido... disculpa... -dijo de pronto la chica, y se inclinó hacia adelante-. Creo que te estás incendiando. -Rápidamente le pasó las puntas de los dedos por el dorso de la mano.- No, has estado maravilloso -dijo-. Dios ¡me siento cansada como un perro! -Bien, la situación es muy, muy difícil. Evidentemente el tipo está pasando por un total... De pronto sonó el teléfono. El hombre canoso dijo. -¡Cristo! -pero había levantado el tubo antes de que sonara por se gunda vez-. ¿Hola? -dijo en el teléfono. -¿Lee? ¿Dormías? -No, no. -Escucha. Pensé que te interesaría saberlo. Joanie acaba de llegar. -¿Qué? -dijo el hombre de pelo entrecano, y con la mano izquierda se protegió los ojos, aunque la luz estaba a sus espaldas.






Sí. Acaba de llegar. Diez segundos después de que hablé contigo. Aproveché para llamarte ahora que ella está en el baño. Escucha... un millón de gracias, Lee. Te lo digo en serio..., sabes lo que quiero decir. No estabas dormido, ¿no es cierto? -No, no, simplemente..., no, no -dijo el hombre canoso, siempre con la mano sobre los ojos. Cartaspeó. -Sí. Lo que sucedió fue que al parecer Leona se pescó una borrachera de órdago y tuvo un ataque feroz de llanto, y Bob quiso que Joanie fuera con ellos a tomar un trago en alguna parte y suavizar las cosas. Yo no sé. ¿Te das cuenta? Todo es muy complicado, Lo importante es que ya llegó. Dios mío, qué porquería de vida es esta. Te lo juro por Dios, pienso que es esta maldita Nueva York. Creo que si todo sale bien vamos a comprarnos una casita, tal vez en Connecticut. No demasiado lejos, aunque sí lo bastante como para poder llevar una vida normal. Lo que quiero decir es que ella se vuelve loca por las plantitas y todas esas cosas por el estilo. Si tuviera un jardín propio y todo lo demás se chiflaría por completo. ¿Me entiendes? Porque aparte de ti, ¿a quién conocemos en Nueva York sino a un montón de neuróticos? A la larga hasta una persona normal termina por contagiarse. ¿Comprendes a qué me refiero? El hombre canoso no contestó. Debajo del escudo de su mano, sus ojos estaban cerrados. -De todos modos, le voy a hablar de todo esto esta misma noche. O tal vez mañana. Todavía está un poco mareada. Quiero decir que en el fondo es una chica formidable, y si se nos presenta una oportunidad para arreglarnos, seria estúpido de nuestra parte no aprovecharla. Y mientras tanto voy a tratar de solucionar también ese asunto de las chinches. Estuve pensando. Estuve diciéndome, Lee. ¿Crees que si yo fuera y hablara con Junior personalmente, podría... ? -Arthur, si no tienes inconveniente, yo preferiría... -No vayas a pensar que te llamé de nuevo porque estoy preocupado por ese pleito del diablo ni nada parecido. De ningún modo. En el fondo, me importa un culo. Pensé simplemente que si podía hacerle entender las cosas a Junior sin romperme la cabeza, sería estúpido de mi parte... -Escúchame, Arthur -dijo el hombre de pelo entrecano, retirando su mano de la frente-. De pronto me ha dado un terrible dolor de cabeza. No sé a qué demonios se debe. ¿Te molesta si lo dejamos para otro momento? Te llamaré por la mañana, ¿estás de acuerdo? Escuchó un instante más y luego cortó. Nuevamente la chica le dijo algo en seguida, pero él no contestó. Tomó un cigarrillo encendido -el de la chica- del cenicero y empezó a llevárselo a la boca, pero se le cayó de los dedos. La chica intentó ayudarle a encontrarlo antes que se quemara algo, pero él le dijo que se quedara quieta, por Dios, y ella retiró la mano.





jueves, 31 de diciembre de 2009

Cielo de vos

Todo se ha escrito, todo se ha dicho, todo se ha hecho, oyó Dios que le decían y aún no había creado el mundo, todavía no había nada. También eso ya me lo han dicho, repuso quizá desde la vieja, hendida Nada. Y comenzó.
Una frase de música del pueblo me cantó una rumana y luego la he hallado diez veces en distintas obras y autores de los últimos cuatrocientos años. Es indudable que las cosas no comienzan; o no comienzan cuando se las inventa. O el mundo fue inventado antiguo.

Macedonio Fernández (Museo de la novela de la Eterna).




Los Enanos de Honorio despedimos el año viejo, haciendo de la esperanza de todos nuestros lectores, nuestra esperanza.

Cada año es distinto, cada año tiene su propia historia. Dichosos aquéllos que pueden olvidar su mejor año.

¿Qué es lo que hace breve a un cuento breve?

Un hombre muy viejo con unas alas enormes deja su lugar al viejo filósofo que toma cicuta.

En una época el tranvía daba la vuelta a una manzana de casas y salía frente al río. Cerca de Retiro, los pasajeros se apeaban en una Recova de grandes arcos barridos por un viento crudo y fuerte.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Marilyn




Diría que dentro de esta inmediatez absoluta, se reabre nuestro distanciamiento. No hay evasión, sino que el mundo inabarcable, feroz, parece imponerse como por sí solo. Todo esto podría ser un desafío seductor para quien traduce, para quien escribe. Las cosas y los acontecimientos no pueden regalarnos la coherencia de una significación determinada, sencillamente, porque no la poseen.
Diría que eres una hermosa niña, protagonista de admirables relatos de capitanes fantasmas, atravesando tormentas en noches sin estrellas. Con la compañía salitrosa del miedo a la confusa vibración de tus espaldas.
Era de día, retazos, como jirones de neblina blanca complicaban el calor del sol y no dejaban ver las voces de los pescadores que se llamaban unos a otros.
Al principio, yo veía tu rostro acercarse a las suaves mañanas de nuestra vida.

viernes, 23 de octubre de 2009

Tierra a la vista

Juan Nadalino nos regaló este genial dibujo, que nos hizo pensar en Henri Bergson:


"Si la realidad pudiera ponerse en contacto directo con la conciencia, si pudiéramos entrar en comunión directa con las cosas y con nosotros mismos, quizás el arte sería inútil, o más bien todos seríamos artistas; pues entonces nuest

ro espíritu vibraría continuamente en acorde

perfecto con la naturaleza".


Para mencionar sólo una parte de la extensísima lista:

Ahab
Van Gogh
La defensa de la anécdota
Orfeo
Don Quijote
...

Gracias... Juan...

...

domingo, 11 de octubre de 2009

Estampillas, boletos, enanos...

....






 Todos los sueños pueden entrar en una carta,
en el puño cerrado que guarda aquél boleto de colectivo:
imaginemos un enano de jardín luchando contra la tormenta 
con la dignidad de un Ronin 
o como el jinete del viento y la lluvia.



....
....

 

Hay algo común entre las estampillas postales y los viejos boletos de colectivo,
aquéllas cosas que quedaron olvidadas en el viejo cajón del colegio, 
sin ánimo para abrir ya ninguna puerta pero empecinadas 
en brillar como tesoros del alma.








 

 

Y no hay camino de vuelta a casa que no nos lleve a la piedra,
al sonido, a la lágrima en la mejilla del elefante.

 




Voces que abandonaron sus antiguos rostros, cartas que no llegan a destino,
ropa perdida, anuncios intercalados con nuestra luminosa manera de sonreir.
 

Estampillas, boletos, enanos y podríamos agregar: 

alfombras voladoras...







Que nos permitan llegar a la otra isla, 
al mediodía, 
justo para el almuerzo.





sábado, 12 de septiembre de 2009

Naná Giacín

Traído por nuestro colaborador y amigo Claudio Giacín desde las lejanas tierras de Hurlingham, este nuevo habitante de la casa de Honorio ya se asoma a las ventanas con su pipa lisérgica. El desconcierto es siempre paradójico y su anuncio es todo una profecía: el hierro se volverá dorado y por la mañana regresarán los pájaros a comer de su sombrero.



Fotografía de Luthien.


lunes, 31 de agosto de 2009

Luces Altas

Albert es un fotógrafo que vale mucho visitar. (Ver link en "visiten").
Cuando el ojo entra en estas imágenes, funciona desfotografiando la realidad enseñada y lo insólito del misterio de toda creación es pararrayo, recompensa, sorpresa e incluso pavor.
Los ojos, diría don Julio, son para ver las estrellas.



miércoles, 19 de agosto de 2009

Luna llena de agosto






La luna detrás de los árboles,
cuelga en su andamio.
El hombre que intuye la luna por el brillo
inusitado del bosque,
cuelga en su andamio,
perpendicular a las estrellas.

Cuando la noche pase,
el hombre y la luna se quedarán solos:

La luna detrás de los árboles,
El hombre que intuía la luna,
Y los lobos que tanto divierten a caperucita.

viernes, 10 de julio de 2009

Tabaquería




No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
De mi cuarto de uno de los millones del mundo que nadie sabe
............quién es
(y si supiesen quien es, ¿qué sabrían?),
Dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente,
A una calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
Con el misterio de las cosas por debajo de las piedras y de los
............seres,
Con la muerte poniendo humedad en las paredes y pelos blancos
............en los hombres,
Con el Destino conduciendo la carroza de todo por el camino de
............nada.

Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad.
Estoy hoy lúcido, como si fuese a morirme,
Y no tuviese más hermandad con las cosas
Que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
La hilera de vagones de un tren, y una partida pitada
Desde dentro de mi cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos en la ida.




Estoy hoy perplejo como quien pensó y encontró y olvidó.
Estoy hoy dividido entre la lealtad que le debo
A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

Fallé en todo.
Como no me hice propósito alguno, tal vez todo fuese nada.
Del aprendizaje que me dieron,
Me descongué por la ventana de detrás de la casa.
Fui hasta el campo con grandes propósitos;
Pero allí encontré sólo yerbas y árboles,
Y cuando había gente era igual que la otra.
Salgo de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?

¿Qué se yo de lo que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pero pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan que son lo mismo que no puede haber
............tantos!
¿Genio? En este momento
Cien mil cerebros se conciben en sueños genios como yo,
Y la historia no destacará ¿quién sabe?, ni uno solo,
Ni quedará sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos chalados con tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna certeza, ¿soy mas cierto o menos cierto?
No, ni en mí...
¿En cuantas buhardillas y no buhardillas del mundo
No estarán a esta hora genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas-
Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
Y quien sabe si realizables,
Nunca verán la luz del sol real ni encontrarán oídos de gente?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque
............tenga razón.
He soñado más que lo que Napoleón hizo.
He apretado al pecho hipotético más humanidades que Cristo,
He hecho filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla,
Aunque no viva en ella;
Seré siempre el que no nació para eso;
Seré siempre sólo el que tenia cualidades;
Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta junto a una
............pared sin puerta
Y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
Y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámeme la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
Su sol, su lluvia, el viento que me encuentra el cabello,
Y el resto que venga si viniere, o tuviere que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Hemos conquistado todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
Pero hemos despertado y él es opaco,
Nos hemos levantado y él es ajeno,
Hemos salido de casa y él es la tierra entera,
Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.





(Come chocolates, pequeña;
¡come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo sino chocolates.
Mira que las religiones todas no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Pudiera yo comer chocolates con la misma verdad con que los
............comes!
Pero yo pienso y, al sacar el papel de plata, que es de hojas de
............estaño,
Lo tiro todo al suelo, como he tirado la vida).

Pero al menos queda de la amargura de lo que nunca seré
La caligrafía rápida de estos versos,
Pórtico quebrado hacia lo imposible.
Pero al menos me contagio a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos en el gesto ancho con el que tiro
La ropa sucia que soy, sin papel, al decurso de las cosas,
Y me quedo en casa sin camisa.

(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
O diosa griega, concebida como estatua que fuese vida,
O patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
O princesa de trovadores, gentilísima y coloreada,
O marquesa del siglo dieciocho, escotada y lejana,
O cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,
O no se qué moderno -no concibo bien el qué-,
Todo eso, sea lo que fuere, o que seas, si puede inspirar,
............¡Que inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como los que invocan espíritus invocan espíritus (me) invoco
A mí mismo y no encuentro nada.
Me asomo a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me pesa como una condena al destierro,
Y todo esto es extranjero, como todo).

..........

Viví, estudié, amé, y hasta creí,
Y hoy no hay mendigo que no envidie sólo por no ser yo.
Le miro a cada uno los andrajos y las llagas y la mentira,
Y pienso: tal vez nunca vivieses ni estudiases ni amases ni creyeses
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer nada
............de eso);
Tal vez hayas existido sólo, como un lagarto al que le cortan el
............rabo
Y que es rabo aquende el lagarto meneadamente.

Hice de mí lo que no supe,
Y lo que podía hacer de mí no lo hice.
El dominó que vestí estaba equivocado.
Me conocieron en seguida por quien no era y no lo desmentí, y
............me perdí.
Cuando quise quitarme la máscara,
Estaba pegada a la cara.
Cuando me la quité y me vi al espejo,
Ya había envejecido.
Estaba borracho, ya no sabía vestir el dominó que no me había
............quitado.
Tiré la máscara y dormí en el vestuario
Como un perro tolerado por la administración
Por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiiles,
Quien me diera encontrarte como a una cosa que yo hiciese,
Y no quedase siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente,
Pisoteando la conciencia de estar existiendo,
Como una alfombra en la que un borracho tropieza
O un felpudo que los gitanos robaron y que no valía nada.





Pero el Dueño de la Tabaquería se asomó a la puerta y se quedó
............a la puerta.
Lo miro con la incomodidad de la cabeza mal vuelta
Y con el desconcierto del alma mal-entendiendo.
El morirá y yo moriré.
El dejará el letrero, y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá el letrero también, y los versos
............también.
Después de determinado momento morirá la calle en donde estuvo
............el letrero,
Y la lengua en la que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto pasó.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como gente
Continuará haciendo cosas como versos y viviendo por debajo de
............cosas como letreros,
Siempre una cosa enfrente de la otra,
Siempre una cosa tal inútil como la otra,
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño de misterio
............de la superficie,
Siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.

Pero un hombre entró en la Tabaqueria (¿a comprar tabaco?),
Y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo enérgico, convencido, humano,
Y voy a intentar escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como a una ruta propia,
Y gozo, en un momento sensitivo y competente,
La liberación de todas las especulaciones
Y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de estar
............malhumorado.

Después me echo atrás en la silla
Y continúo fumando.
Mientras el Destino me lo conceda, continuaré fumando.

(Si yo me casara con la hija de mi lavandera
............tal vez fuese feliz).
Visto esto, me levanto de la silla. Voy a la ventana.



El hombre salió de la Tabaquería (¿metiendo el cambio en
............el bolsillo de los pantalones?).
Ah, lo conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería se asomó a la puerta).
Como por un instinto divino el Esteves se volvió y me vió.
Me hizo señas de adiós; le grité: ¡Adiós, Esteves!, y el universo
Se me reconstruyó sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la Tabaquería
............sonrió.

............

............

Alvaro de Campos "Tabacaría"
15 de enero de 1928
("Presenca" Nº39, julio 1933)
Traducción Miguel Angel Viqueira



domingo, 21 de junio de 2009

Tejiendo voces


Casa de Fernando Pessoa en Durban, Sudáfrica.
Hay una escena que se repite en la historia y en las culturas: las manos toman un libro, lo abren y los ojos se acercan al texto, que de a poco se va desplegando maravilloso ante nosotros.
Sus páginas nos abren un mundo de posibles, de sitios verosímiles, donde los relatos nos traen personajes, conflictos, sensaciones, misterios, engaños, búsquedas e infinitos elementos que se vuelven a esconder entre las páginas, cuando los ojos llegan a la última letra y las manos cierran el libro. Cada autor nos brinda con sus obras esa posibilidad. Ese viaje, si se quiere, por esos mundos infinitos, creados como ficción por una mente que debe limitarlos a las dos tapas de un libro, varios miles de caracteres de tinta y otros tantos números de página.
¿Cuándo mueren esos mundos? Nunca, están siempre allí dentro, esperando el momento de desplegarse frente a nuevos testigos.
¿Cuándo muere el autor? ¿Cuándo el cuerpo? No, muchos autores nos han hablado de la posteridad, de la inmortalidad de un autor a través de sus obras. Como si la literatura fuera su acceso a un porvenir de tinta e infinitas lecturas, que va más allá del tiempo y del olvido.


El 13 de junio de 1888 nació en Lisboa, un hombre que años después se convertiría en un escritor que rompió con esa escena. Un escritor que desplegó a través de su escritura una multiplicidad de espacios y mundos posibles que terminaron excediendo su propia obra literaria y a sí mismo.
Les estoy hablando de Fernando Antonio Nogueria Pessoa, el que nunca podremos conocer verdaderamente, el más portugués y el más universal de los poetas de su siglo, el que en vida publicó un sólo libro y dejó manuscritos en un baúl, el que tuvo un sólo amor y vivió solo pero nunca solo.




Tumba de Pessoa, Monasterio de los Jerónimos, Lisboa.


Su rasgo primario fue la despersonalización en la figura de innumerables heterónimos y semi-heterónimos, dando voces, a través de innumerables formas, a la amplitud y complejidad de sus pensamientos, conocimientos y percepciones de la vida y el mundo.
 
Lo curioso, es que la palabra "pessoa" conlleva en sí el simbolismo de este aparente desbordamiento de asumir plenamente varios personajes. Significa "persona" y su origen etimológico se relaciona con las máscaras de teatro de los actores clásicos que se utilizaban para la representación de diferentes personajes. Los heterónimos eran diferentes personas a las cuales Pessoa daba un nombre, una biografía, un retrato físico completo, un compendio de caracteres morales, intelectuales e ideológicos más un horóscopo (era un seguidor del ocultismo y la astrología).
 
Cada cual con una actividad literaria definida:

Manuscrito de Fernando Pessoa.

.
"Soy una especie de baraja, de naipe antiguo e incógnito, la única que queda del mazo perdido. No tengo sentido, no sé de mi valor, no tengo con qué compararme de algún modo, no tengo nada que sirva para que me conozca. Y así, en imágenes sucesivas en las que me describo -no sin verdad pero con mentiras-, voy quedando más en las imágenes que en mí, diciéndome hasta ya no ser, escribiendo con el alma como tinta, útil tan sólo para escribir con ella. Pero cesa la reacción y de nuevo me resigno. Vuelvo en mí a lo que soy, aunque yo no sea nada. Y algo así como lágrimas sin llanto arde en mis ojos secos, algo así como angustia que no hubo me oprime dispersamente la garganta seca. Pero entonces ya ni sé que fue lo que lloré, en el caso de que hubiera llorado, ni porqué fue que no lo lloré. La ficción me acompaña como mi propia sombra. Y lo que quiero es dormir."





Fernando Pessoa caminando por una calle de Lisboa.

Es importante recalcar que cuando hablamos de heterónimos no estamos refiriéndonos a seudónimos, ni a un juego de desdoblamiento emocional, sino a individuos distintos del propio autor: Fernando Pessoa -ortónimo-.
 
Cada uno de ellos parecía tener una misión poética clara y definida: el "poder de despersonalización" se lo otorgó a Alberto Caeiro, la "disciplina mental" a Ricardo Reis, y "toda la emoción que no debo ni a mí ni a mi vida" fué para Alvaro de Campos; sus tres heterónimos más importantes, que se manifestaron en su vida a partir del año 1914.
 
Pessoa fue todos y cada uno de ellos.

Fue Alberto Caeiro, un poeta sensualista y pagano, el maestro de todos, nacido un año después que Pessoa en Lisboa. Vivió toda su vida en una aldea del Ribadejo, en la casa de una tía abuela. Era solitario y contemplativo. Rubio, pálido, con unos enormes ojos azules y de estatura media. Escribía poemas elegíacos e ingenuos. Para Pessoa era "un ojo que observaba" el paso de la vida y "una voz que enseñaba" a todos los demás heterónimos y a él mismo. Era el poeta de las sensaciones, de la naturaleza, de todo lo antimístico. Murió de tuberculosis un año después de su aparición en la obra literaria de Pessoa, con el poema "El guardador de rebaños".

También fue el futurista Alvaro de Campos, el discípulo urbano, nacido en Tavira en 1890; ingeniero naval de profesión, autor de "Opiario" (diario de su viaje a oriente, dedicado al amigo Mario de Sá-Carneiro). Era el poeta nihilista, decadente y vanguardista. Se cree que era homosexual y que se introdujo de tal manera en la vida de Pessoa que arruinó su relación con el único amor de su vida: Ophélia.
Era alto, de cabello liso negro, vestía impecable y usaba monóculo. Se manifestaba como el típico representante de cierta vanguardia de la época: era burgués y antiburgués, refinado y provocador, irónico, impulsivo, neurótico y angustiado. Murió en Lisboa, el mismo día que Pessoa con "el corazón roto como un recipiente vacío".


También fue el helenista y horaciano Ricardo Reis, del cual no se tiene una única fecha de nacimiento, pero sí se sabe que fue educado en un colegio de jesuitas, fué médico de profesión y sostenía una ideología muy conservadora con ideas monárquicas. De hecho, cuando se instauró la República Portuguesa, Ricardo Reis se exilió en Brasil. Escribía odas pindáricas y poemas horacianos. Era el más parecido físicamente a Pessoa: moreno, de estatura media, encorvado con apariencia de judío portugués.


Por último, entre los otros heterónimos, asumió la voz del acongojado Bernardo Soares, del que no se conservan fechas, del que se sabe que era ayudante de contabilidad en Lisboa y que conoció a Pessoa en una pequeña casa de comidas que llevaba el nombre del poeta. En aquéllas mesas, cenando, Bernardo le contaba sobre sus proyectos literarios y sus sueños. Fué el autor del "Libro del Desasosiego", visto por los estudiosos como un libro que nunca existió y nunca podrá existir. Richard Zenith, en la introducción al libro de una de las ultimas ediciones, plantea: "Lo que tenemos aquí, no es un libro sino su negación y subversión, el libro en potencia, en plena ruina, el libro-sueño, el libro-desesperación, el anti-libro, más allá de toda literatura. Lo que tenemos en estas páginas es el genio de Pessoa en su momento cumbre".


Bernardo Soares, escultura en hormigón realizada por Antonio Seco.

En una carta fechada en 1914 Pessoa escribe: "Mi estado de espíritu me obliga ahora a trabajar mucho, sin querer, en el Libro del Desasosiego, pero todo es fragmentos, fragmentos, fragmentos".

A sus cinco años, murió el padre enfermo de tisis. Se llamaba Joaquim de Seabra Pessoa, era un general que trabajaba en el Ministerio de Justicia y además era crítico musical. Su madre, María Magdalena Pinheiro Nogueira, conoció un año después al comandante Juan Miguel Rosa, quien fue nombrado cónsul interino en Durban, Sudáfrica, y con el que se casó dos años más tarde.
 
En el año 1896 la familia se traslada a Durban y allí recibió educación inglesa, se crió y vivió hasta los 17 años, edad en la que retornó a su Lisboa natal.
 
En 1908 comenzó a trabajar en una oficina como traductor comercial en inglés y francés, profesión que desempeñaría a lo largo de toda su vida.
Su carrera literaria comenzó alrededor de 1912, cuando se incorporó al grupo saudocista acaudillado por Teixeira de Pascoaes llamado "Renascenca Portuguesa". De allí surgió una revisa "A agula", en la que participó activamente con la publicación de poemas y artículos. Por esa misma época escribió en las revistas "Orpheu", "Centauro", "Exilio" y "Portugal futurista", íconos del modernismo portugués.
 
De esa misma época se conservan manuscritos enmarcados en la llamada escritura automática o mediúmnica. Esta práctica se inició en la segunda mitad del siglo XX, como una forma de comunicarse con el espíritu de los muertos. Era practicada generalmente en pequeños grupos, con la ayuda de tableros donde se apoyaba un lápiz que se movía sobre el papel bajo la ligera presión de los dedos de los participantes. 

Más adelante, este procedimiento fué adoptado por los surrealistas franceses, que veían en él un método para producir literatura directamente salida del subconciente.
 
La escritura automática continuó surgiendo en los papeles de Pessoa, a veces al lado de un poema, o al dorso de uan página, sirviendo siempre como instrumento de auto-indagación para el generador de heterónimos, el incansable médium de sí mismo.



Baúl de Fernando Pessoa, encontrado en su departamento de la Calle de los Douradores. (Legado manuscrito).

En el año 1934 publicó su único libro el vida: "Mensajem", que presentó al premio literario "Antero de Quental" y quedó en segundo lugar. Se trata de una epopeya asociada a cierto nacionalismo literario, cuyo título es una contracción de "Mens agitat molem" (el espíritu es quien guía la materia).
Un año después, fue internado a fines de noviembre en el Hospital Sao Luiz dos Franceses por un cólico hepático y dos días después murió.
 
Su última frase escrita en lápiz fue: "I know what tomorrow will bring" (Sé lo que el mañana traerá).
 
Mucho tiempo después se halló en su departamento un baúl con cientos de textos manuscritos. Se lo llamó "Legado Manuscrito" y actualmente se encuentra custodiado por las autoridades de la Biblioteca Nacional de Lisboa. Entre estos papeles, se encuentran "El libro del desasosiego", "La hora del diablo" -un diálogo fascinante entre Satán y María, madre de Jesús-, "Eróstrato y la búsqueda de la inmortalidad" -un ensayo sobre la inmortalidad inspirado en la figura de Eróstrato, un griego que tenía la pretensión de perdurar en el tiempo-, "La educación del estoico" -de uno de sus semi-heterónimos que se va a suicidar y arroja al fuego las páginas de su diario íntimo-, "El banquero anarquista" -publicado en vida en una revista de Lisboa-, "Aforismos y otros textos" -una recopilación escrita en su mayor parte en inglés- y "Ficciones del interludio" -una antología poética personal preparada por él mismo.

Fernando Pessoa (Lisboa 1888-1935)

Fernando Pessoa escribía de noche, porque los fantasmas de sus heterónimos lo mantenían en velo. Siempre lo hacía parado, sobre un estante de madera. Salía al mediodía, iba al mismo café de siempre -donde se levantó en su honor, una estatua en tamaño real sentado en una mesa- pedía ginebra y al terminar la bebida se marchaba. No tenía horarios fijos en la oficina. Firmó hasta con 72 heterónimos, aunque cuatro hayan sido los más importantes. Fué un escritor múltiple, un hombre superado por su obra y su mente: "Soy como un cuarto con innumerables espejos fantásticos que dislocan hacia reflejos falsos una única central realidad que no está en ninguno y está en todos".
 
Fernando Pessoa, el que fué muchos y el que nunca dejará de ser; gracias a una suerte de viviente metonimia, preside invisiblemente cada una de nuestras lecturas.




miércoles, 3 de junio de 2009

Entre libros y zapatos





Todavía no llegó el invierno. En la mañana helada el frío cruje de mármol y tensa las mandíbulas. Hay vacío en el estómago del trabajo de cada día y en los dientes de la mujer a la que le tiemblan las rodillas.


¿Hay algo mejor que un pedazo de pan caliente?


Suave como el aire tibio de una noche de verano. La luna se enamora de cualquier calle. Hay flores tiradas sobre la vereda. Es mi voz la que llama a la nena que pasó una noche flotando encima de mis sueños de colegial grande y negra. Ella guiaba mis ojos durante el viaje monótono hacia mi ahora. Del no saber nada del amor al miedo. De la alborada con sus dedos rojos decididos intrépidos. Mi corazón es como el agua es un fusil de acero tornasolado sobre la dura superficie del sueño.


Por mucho que camine, mi corazón siempre estará junto a esa nena.

lunes, 4 de mayo de 2009

Volvió una noche como un preciado recuerdo...

En nuestra redacción estallan los tableros, con finísimas pinceladas las imágenes cortan la respiración. Pronto, entre el rumor de los grillos y el resplandor rojo de cada noche, una invitación llega para animarnos a emprender nuevas campañas.

Arriba, la asolada quemante, abajo las colas de zorro, el perfume de especias de la isla y la brisa soplando desde el río. Bajo el agua, los peces ríen.


El sol ya recogió todas sus sombras y el sueño delimita nuestras pupilas de gato con sus dúctiles alas.
Hay que detenerse un momento para disfrutar las fotografías de Albert, con su magistral trato de la luz que nos recuerda a Jan Vermeer.


(Fotografías de Albert)

sábado, 25 de abril de 2009

Bosques de Pekín



Luminoso como las ramas más altas amenazadas en la noche por las tormentas.

Desviste nuestras caras la llegada del invierno y escuchamos el eco de una profunda casa en silencio. Relieves de racimos ya guardados. Largas hojas tejen una alfombra que no puede comprarse. Verde es el recuerdo y tiene el brillo acrisolado de las flores frescas. Y todo resplandece y parecería bastante ligero como la carretilla de Yi. Extraña resulta su belleza. Es el triunfo del sabor. La victoria de su sonrisa ante la embriaguez del perfume de la mañana.

Durante la primavera pasada cargaba azahares y amapolas, diluyendo el sonido de sus pasos en el fugitivo relámpago de la vida.



Foto: Yi, por Luthien

sábado, 18 de abril de 2009

Pupilas Blancas

Los días de fiesta de por aquél entonces, celebrados hasta el amanecer, podrían hacernos pensar en libros olvidados y pasiones de un corazón loco. Hoy nos encontramos otra vez, despiertos y líquidos como la lluvia sobre el río. Y no hay mirada más cierta ni canción más justa, que la que creíamos olvidada.



Foto de Luthien

lunes, 30 de marzo de 2009

Enanos de las nubes




Desde Tilcara, Juan Nadalino engalana otra vez a Los Enanos de Honorio.
Más cerca del cielo, puna suele vestir, y el decorado para nuestras huestes es todo de Juan.
¡Cómo no nos va a gustar!!, si todo el mágico silencio nos reinvita...

¡¡¡Gracias genio!!!



miércoles, 25 de febrero de 2009

Hijo de las llamas sin humo


...

Dibujaba sobre manteles de papel en bares y bodegones. Pintaba a las hermanas de sus amigos y amenazaba al cielo con sombríos nubarrones andaluces. Aseguraba que tarde o temprano ellas terminarían pareciéndose al cuadro. Comparaba al arte con el chocolate; al niño con el genio que jamás envejece. Creador de paisajes mentales que nunca necesitaron existir y sin embargo crecieron lúcidos, poblados con vívidas naturalezas fieles a su alma.

...


...


sábado, 10 de enero de 2009

Verano

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Durante los veranos nos sucedía tener que esperar por las tardes con nuestras pantallas -obsequio de fin de año de los comerciantes del pueblo, con fotografías de actrices y actores del cine norteamericano- a que el calor tuviera a bien decrecer aunque más no fuera una pulgada.

"EL ORIGEN DE LA LUZ" Arnaldo Calveyra