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sábado, 23 de mayo de 2015
Nocturno
El humo azul, azul,
entre mis dedos,
inscribiendo en el aire
su delirio
y mal llovido
a espesos lagrimones,
ese arrítmico trote
desvalido,
enlutando los sueños,
los balcones,
mientras ya en el recuerdo
el tiempo muerto,
aquí voraz insecto,
noche en celo,
latido de persiana
o ritmo grillo,
es también clara senda que bordea
bajo pinos
la tarde y la ladera,
para luego perderse
entre azoteas
o en la turbia corriente
de estas venas,
de gustos recatados y viajeros,
que riega caracoles donde suena
la muerta voz sepulta en la madera
o el rumor interior
de la penumbra
que sustentan mis huesos,
junto al humo
y a cuanto no comprendo
y me circunda:
débil hoja dormida que despierta
y suspira, se queja, se da vuelta,
balbuceo de cielo en desamparo...
ni mis pálidas uñas ¡tan siquiera!;
mientras vuelvo a tu encuentro
azar, memoria,
en busca de callejas marineras
que en plena resolana de naranjas
bajaban, con sus redes a una playa,
en los labios ya un gusto a madrugada
-¿qué recuerdo se asoma a esa ventana?-
me aproximo a mujeres amapola
-¿por qué, por qué amapola?-
entre zaguanes
de aliento canallesco y voz gastada,
tan cerca, en este instante,
entre la borra
nocturna, aquí también,
¡y tan amarga!...
-allá lejos, ¿por qué
siempre amapola?-
ya casi colindando con la aurora.
Oliverio Girondo "Nocturno" 1921
Fotografía por Roxana, "Luna", 2015
miércoles, 6 de agosto de 2008
Nocturno
La ciudad se diluye en sombras y la noche embriagadora titila de impaciencia. La espera es una larga luz que me ha seguido toda la vida. Hasta la orilla del sueño cerrado. Sólo escucho su llamado débil. Sin embargo hemos conseguido caminar, vacilantes. Seremos mendigos en el alba de las risas. Siempre seremos mendigos, de una manera u otra. La noche intenta sobrevivir, en callejones, cortadas, fantasmas de tiempos perdidos, como la infancia lindera. Tan bella vecina de todos nuestros días.
En la foto, Bajtín, Rolando, Virgilio y Berguita.
Foto: Luthien
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